Prácticamente Amor.

Ví a un perro en Italia saludarme de la misma manera que otro en Colombia. Era la misma mirada, pero eran dos perros.

La mirada del amor digno, diciéndome: Tú puedes.

Me vieron los dos de la misma manera, invitándome a dar sin condiciones pero con desapego.

Me encuentro hoy en la encrucijada más grande de mi existencia, ser incondicional y amoroso como un perro o seguir protegiendo mi confort por un pedazo de tranquilidad.

El amor para mi implica riesgos; los perros están por encima de eso.

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